El tomate: el rey del verano

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variedades de tomates
Rojo, jugoso y siempre presente en la cocina, el tomate es uno de los alimentos más apreciados y consumidos del mundo. Hoy resulta imposible imaginar la mesa italiana sin una salsa, una ensalada o una pizza que lo tenga como protagonista. Sin embargo, su historia es mucho más sorprendente de lo que podría parecer, y la relación de Italia con este fruto comenzó mucho después de sus orígenes.

Originario de América Central y del Sur, el tomate llegó a Europa en el siglo XVI de la mano de los exploradores españoles. Durante mucho tiempo se cultivó principalmente como planta ornamental, ya que se consideraba poco apto para el consumo. Con el paso del tiempo, sin embargo, encontró su lugar en la cocina hasta convertirse en uno de los grandes símbolos de la tradición gastronómica italiana.

Aunque hoy hablamos del tomate como si fuera un único producto, en realidad existen innumerables variedades. Desde el San Marzano, ideal para salsas y conservas, hasta el corazón de buey, perfecto para ensaladas, pasando por datterino, camone, cherry, piccadilly, costoluto, del piennolo o ramato, entre muchos otros. Cada variedad posee características propias en cuanto a sabor, textura y usos culinarios. Además, no todos son rojos: también existen tomates amarillos, verdes, naranjas, azules e incluso casi negros, prueba de una extraordinaria biodiversidad.

Desde el punto de vista nutricional, el tomate está compuesto principalmente por agua, aporta pocas calorías y constituye una buena fuente de vitamina C, vitamina A y potasio. Su compuesto más característico es, sin embargo, el licopeno, un potente antioxidante con propiedades antienvejecimiento que se concentra sobre todo en la piel. ¿Una curiosidad? A diferencia de muchos otros compuestos beneficiosos, el licopeno resulta más fácil de absorber por nuestro organismo después de la cocción.

Las innumerables cualidades del tomate también han encontrado aplicaciones fuera de la cocina. Sus extractos se utilizan con frecuencia en cosmética y en complementos alimenticios, mientras que la investigación continúa estudiando su potencial en el ámbito de la nutracéutica, la disciplina que analiza los componentes bioactivos de los alimentos y sus beneficios para la salud, contribuyendo a la prevención y al tratamiento de determinadas enfermedades. En cuanto a los residuos del procesado, como los procedentes de la elaboración de salsa de tomate, ya existen aplicaciones muy extendidas, como la fabricación de bandejas desechables o macetas biodegradables al 100 % para viveros, que una vez enterradas se descomponen y aportan nutrientes a la planta.

El tomate también ha dejado una profunda huella en la cultura y el arte, hasta convertirse en un auténtico icono de la sociedad contemporánea. Un ejemplo célebre es la serie Campbell's Soup Cans, realizada por Andy Warhol en 1962, en la que las latas de la famosa sopa de tomate se transforman en obras de arte emblemáticas del Pop Art, elevando un producto cotidiano a símbolo de la cultura de masas. Pero los tomates también han sido protagonistas en el cine con Tomates verdes fritos (Fried Green Tomatoes), la película estadounidense basada en la novela de Fannie Flagg; en Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, gracias al divertido chiste sobre una familia de tomates que cuenta Mia Wallace, interpretada por Uma Thurman; y también en la música italiana con Viva la pappa col pomodoro, la inolvidable canción interpretada por Rita Pavone en el papel de Gian Burrasca en la célebre serie de televisión de principios de los años sesenta.

De la mesa a los museos, pasando por la investigación científica y la cosmética, el tomate sigue contando una historia de tradición, innovación y extraordinaria versatilidad. Un ingrediente sencillo, pero capaz de conquistar el mundo. 

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