Rojo de temporada

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remolachas
¿Quién dijo que el rojo en la cocina es solo tomate? Nada más lejos de la realidad, ya que con la llegada de los meses más cálidos, la mesa se enriquece con muchos ingredientes rojos que sorprenden no solo por su color intenso, sino también por su versatilidad. Entre ellos destacan tres protagonistas de temporada: los dos más conocidos son la remolacha y las irresistibles cerezas, pero también hay otro ingrediente que se está imponiendo rápidamente en la mesa: la begonia, una flor comestible aún poco utilizada, pero que está ganando cada vez más admiradores. 

La remolacha, conocida también como “betabel”, tiene orígenes remotos: ya los antiguos romanos apreciaban sus propiedades, aunque utilizaban principalmente sus hojas. El auge de esta familia de hortalizas llegó cuando se descubrió el alto contenido de azúcar de la remolacha (especialmente en la variedad blanca), lo que atrajo la atención hacia todas sus variantes, incluida la más colorida, que comenzó a utilizarse y valorarse por sus características organolépticas y por su aporte de fibra y sales minerales en la dieta. La remolacha es un ingrediente interesante tanto para preparaciones saladas como sopas y cremas, como guarnición colorida para carne y pescado, o como colorante en masas, incluida la pasta fresca al huevo o los ñoquis de patata. Su color se debe a su pigmento natural, la betalaina, que le da ese tono rojo característico y la convierte en un excelente colorante alimentario natural. 

Las cerezas, en cambio, son uno de los símbolos por excelencia de la temporada cálida. Su historia se remonta a Asia Menor, desde donde se difundieron por Europa gracias a los romanos. Brillantes, jugosas e irresistibles (se dice que una lleva a la otra y es imposible resistirse), destacan por un equilibrio perfecto entre dulzura y una ligera nota ácida, lo que las hace extremadamente versátiles. Gracias a su contenido de melatonina natural, antioxidantes y compuestos antiinflamatorios, son ideales para la salud y la calidad del sueño. ¿Una curiosidad? En todo el mundo existen alrededor de 1.500 variedades de esta fruta roja, y entre las más famosas están las Duroni y la variedad Ferrovia. 

Menos conocida pero cada vez más presente en la cocina creativa es la begonia, una flor comestible de color rojo brillante y aspecto delicado. Originaria de zonas tropicales, se aprecia no solo por su belleza ornamental, sino también por su perfil aromático único. Su sabor es fresco, ligeramente ácido, con notas cítricas que la hacen perfecta para enriquecer ensaladas, postres, bebidas y platos gourmet. En la cocina se utiliza tanto como elemento decorativo - con pétalos o flores enteras - como ingrediente real, capaz de aportar un toque inesperado de color y sabor a risottos, salsas, cremas y purés, gracias a su jugo denso y sabroso obtenido al prensar las flores. Una curiosidad interesante es que, aunque es una planta tropical, existe una variedad que ha logrado adaptarse a los climas fríos del Himalaya y de los Andes. 

Tres ingredientes diferentes por origen y uso, pero unidos por un color apasionado que aporta energía y creatividad a la cocina. El rojo se convierte así en un hilo conductor que une tradición e innovación, invitando a experimentar nuevas combinaciones y a aprovechar al máximo lo que ofrece la temporada, preparándonos para el verano. 

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